Crónica porteña #47 : Te voy a enseñar algo…

Llegue feliz pero demasiado cansada. No iba a ser una gran noche, pero escuchar tango, ver las parejas en la pista, disfrutar de unas amigas y charlar con tal uno o tal otro iba a hacer la noche. Unas tandas lindas, voy a la barra : un café jarrito bien fuerte por favor, necesito unas fuerzas!Un par de tipos que se acercan haciendo los cancheros, no les doy interés. Me acerco de la pista, admiro los boleos, sacadas y giros, las piernas hermosas, los abrazos llenos de misterio.
Me encanta la milonga.

Se termina el café, vuelvo a mi silla, charlo un ratito, disfruto. La noche está a pleno. Uno de los cancheros se acerca, su postura y forma de ser grita que se cree todo poderoso, tiene la pinta de un tano mafioso del Padrino. Me saca a bailar como si ya era claro que iba a aceptar. Tengo curiosidad con este personaje. Me levanto y voy. Ni tuve tiempo de apoyar mi brazo en su espalda que ya mis piernas están corriendo por la pista, ya no puedo respirar porque su abrazo me mantiene con una fuerza que podría casi parecer violenta, intento alejarlo de mi fortaleza do mis brazos y intentando abrir el abrazo. En vano.Bailamos menos de diez compás que ya me arrepiento. Segundo tango siguiendo la onda del primero. Soy una muñequita de tela en sus brazos, siento mis piernas que se mueven sin mi acuerdo. Sensación rara y poco agradable.
Me suspira a la ojera “vos desde cuándo bailas?”. Ufff, cagaste, pienso. Ya me aburriste, ahora me vas a enojar.
“No sé, un par de años, por?”

Justo se termina el tango. Me quiero escapar per me encierra la mano en la suya, me mira y me dice en una exclamación de sorpresa : “Y vivís acá? Desde cuando?” Hace un año.
“Pero – ahora parece que su tono paso de la sorpresa a la destreza : y salís mucho a bailar?” Lo que entendí, era “como puede ser que vives acá desde hace un año y que bailas tanto al pedo?! Sensación muy fea. No le contesto a este padrino de papel que se volvió ridículo. Se acerca para empezar el tercer tango. “Te enseño algo dale?” Lo miro a los ojos. “No, estamos en una milonga. No en una clase.” Me contesta que estamos en una práctica. Le digo que no, igual, no me interesa. Y el guacho – porque de verdad lo era – me dio la lección igual. Me imagino que mi hombro no paraba de irse para atrás, obvio, estaba en tentativas desesperadas de escaparme de este abrazo intrusivo y de protegerme. Entonces cada vez que mi hombro se movía, cada vez que rompía el abrazo, me plantaba un dedo en el omoplato. La primera vez no lo pude creer, pero cuando lo hizo varias veces entendí que era para enseñarme, aunque le había dicho que no quería su clase. Enseñanza con el dolor. Enseñanza contra la voluntad. Enseñanza del hombre machista todo poderoso a la pendeja extranjera. El tango se termino, casi lo rechazo, guarda mi mano para hacer el galentuomo y agradecerme con voz y mirada falsa, ni lo miro, recupero mi mano – con gesto brusco – y salgo de la pista, cabeza alta.

Cuantas mujeres sufren cada día de la pelotudez de estés tipos ? De toda la noche el tano no apareció más en la pista. Dio su clasita, intento humillarme sin lograrlo, quizás hizo su noche.
Pelotudo.

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Photo By: Diego Braude

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