Crónicas Porteñas #45 – Calláte, te conviene

Dudé mucho antes de escribir esta crónica, porque la persona de la que viene podría sentirse lastimado y no es algo que quiero. Pero después de todo, él me lastimo a mi y seguramente a otras y ahora para mi pertenece – para siempre – a esta categoría de odiosas canallas que siempre tendrán una vaga existencia trasparente en la milonga – y por otras partes.
Lo sabemos : tenemos que aprender a decir que no. Amablemente, suavemente, gentilmente, categóricamente, firmemente, violentamente. Mejor evitar los extremos, pero lo importante es respetarse sin lastimar al otro. Para eso sirven todas las reglas del tango, ya lo habíamos hablado. Pero a veces pasa que unas normas que nos importan tanto en general se disuelvan frente a unos tangueros. Nos obligamos, nos forzamos, porque nos sentimos impulsadas. Siempre y cuando no me invita. Se acerca, se inclina de esta forma un poco anticuada y cursi, y le contesto con una larga sonrisa “Hola, como estas?” esperando que crea que pensé que solo me saludaba. Esperanzas vanas. Entendió que lo estaba rebotando y da un paso atrás, resignado y como se recién lo había dado un buen golpe en la cabeza, su cara pareció descomponerse en una tristeza y una herida tan pésima que no puedo aguantar ser responsable de este desastre emocional. “Es una vals, no me gusta pero dale vamos.” Nunca me gusto bailar con él, pero no sé porque nunca manejé rechazarlo. Solo demorarlo un poco. Quizás tendría que tatuarme algo que me recuerda siempre de nunca ser presa de la piedad y quedar firme. Tanda difícil. Estoy incómoda, sin eje, nerviosa, fuera de la música. Todo para complacer, verdad ? Pero vamos, sonriamos entre cada tango, esperando que pasa el tiempo. Agradecemos con hipocresía y volvemos a sentarnos. Y en general, pasamos a otra cosa.

En general.

Pero ahí, el tanguero vino hacia mi mesa. Se sentó sin pedir permiso. Y me dijo nerviosamente que no entendía bien porque algo había cambiado en mi abrazo y mi baile. Hubiera podido parar ahí, dejando las dudas en el aire. Pero siguió. Era mejor “antes” (antes de qué ? Bailamos la semana pasada, la anterior, la otra anterior… siempre estuvo así malo). “Antes de que vayas a Francia” (ah, quieres decir hace 9 meses ? No entiendo) Me dijo que mi abrazo esta incomodo, nervioso, pensaba que era su deber decírmelo. Primera tanda de la noche (de Vals, lo peor para mi) que recién pasó, y ya quiero darle una bofetada y irme a dormir. Pero no quiero dejar este sinvergüenza que baila mal lastimarme así gratuitamente. Lo agradezco “Gracias, es muy lindo de vos ponerme así una bomba al principio de la milonga. Gracias por tu feed-back.” No pensaba se pondría tan pálido y incomodo.
Por suerte se quitó rápido de en medio y fui a consolarme y tranquilizarme en la pista con otro tanguero que me hizo olvidar ya las palabras asesinas del otro.

Algo similar sucedió hace un par de años que me dejó muy lastimada por mucho tiempo. Porque unos tangueros hacen eso, humillan a una mujer en la pista o en plena milonga, haciéndola sentirse mala bailarina no a la altura, diciéndole cosas que podrían herirla profundamente si no esta segura de ella misma o de su tango ? Pensé “Imbécil, que suerte, ahora no tendré que fingir ignorarte y sentirme culpable”.Un gran bailarín, un milonguero entrenado tampoco tendría excusa para decir tal cosa a una mujer. Pero saliendo de alguien que baila como una escoba, es muy risible.

Entonces caballeros, si tienen un problema con una tanguera, que sigan adelante. No hace falta ni volver a sacarla y tampoco decirle cosas que no es ni el momento ni el lugar para decir, y que ademas no son amigos. Solo que sigan adelante porque si una no tiene vergüenza como yo, podría desmontarlo y eso podría doler mucho.

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Photo By: Diego Braude

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