Stéphanie Fesneau

« Cuando bailas, escuchas a otra persona, intentas entender, sentir lo que está diciéndote, trasmitiéndote. A veces te gusta, y a veces no, y a veces haces descubrimientos increíbles. Es relindo cuando pasa, es verdadero, te hace sonreir, y te hace seguir!»

Stephanie se sentó con un café y una tarta de manzana en mi pequeña mesa en esta terraza soleada donde estuve. Estaba sonriente, disponible, con entusiasmo por Tango Mio and co, y lista para contestarme con sinceridad. Le pregunté que me hablara de su tango, y me sentí aliviada porque soy una bailarina muy joven y la mayor parte del tiempo indecisa, y me explicó que también los profesionales del tango tienen momentos más difíciles que otros: “siempre hay altibajos en la vida, y en el tango es lo mismo. Hay diferentes factores: tu humor, tu estado físico, tus esperanzas satisfechas o no… ahora estoy en un buen momento de mi tango, me siento equilibrada y disfruto la mayor parte del tiempo bailando. Tengo hambre de tango, lo que es lo más importante porque a veces estás saturada. Pasé este estado y ahora estoy mejor.”
Stephanie tiene mi edad y me fascina, una vez más, encontrar a alguien tan joven y tan dedicado al tango. Le pido que me cuente un poco de su historia: “Toda mi adolescencia y vida de joven adulta fue dedicada al tango. Donde viví, mis viajes: hice de todo para encontrar el tango en mi camino. Dejé mi casa a los 18, sin plata, sin nada, solo para bailar y empecé una aventura muy inestable.” Pregunto que me cuente de que se siente orgullosa hoy: “Estaba sola, pero estoy orgullosa de haber llegado donde estoy ahora. Todos querían que tuviese una vida normal, con estudios para tener un trabajo seguro. Pero me fui a vivir a Paris para bailar tango, y luego a Italia. Solo seguí el tango y por eso estoy orgullosa de haber tomado esta decisión contra todos. Es mi heroísmo. Pero hay que abandonar la vida confortable, normal, si uno quiere seguir su corazón, sus pasiones. Al final, hay modelos que no nos convienen: no hay que seguirlos!”
Ella dedica su vida al tango, y cuál podría ser un símbolo? “Por supuesto los zapatos, el bandoneón, buena música… pero creo que más allá del objeto, el tango es libertad, un espacio para exprimirme, mi paraíso.” Me encanta ver las estrellas que iluminan sus ojos, y su cara que se anima cuando habla del tango que la hace vivir, y más cuando pregunto si hubo un destello que la hizo caer en tango. Se exclama y me contesta con alegría que se escucha en su voz: “Oh, sí! Mi primer Ocho! Era un Ocho Cortado, hacía muy poco que bailaba, y no quería bailar tango. Antes, hice baile de salón y no me gustaba el tango. No estaba convencida. Me fui un día a una práctica y un hombre de 4 o 5 veces mi edad me sacó a bailar. Dije que era principiante pero no le importó. Y cuando me hizo mi primer ocho cortado era eso, pensé, ‘que genial, me encanta!’ Hace nueve años ahora.” Un paso simple la hizo caer en el tango… “Si, el tango fue muy generoso conmigo, y sigue cada día. Estoy muy agradecida de eso. Me sorprende todo el tiempo, el tango me encontró, no es lo contrario. Hoy me asombro y me maravillo de constatar que estoy tan bien vista y bienvenida en este mundo.”
Le pregunto lo que cree que es su contribución al tango, y la pregunta parece turbarla. Ya sentí que es una persona muy humilde, y su respuesta me lo confirma: “Me siento más cómoda en decir que simplemente intento dar y compartir lo que amo con el tango, hablando y bailando, y espero que eso pueda ser útil a alguien. Pero diciendo eso, estoy tímida porque soy muy joven y humilde. Me encanta lo que hago, está bien si a otros les encanta también. Acá estoy, disponible para dar a quien quiere tomar.” Y es verdadero! Tomé unas clases con ella y Fausto, en Francia y España, y sé que es paciente, dispuesta a la escucha, lista para dar mucho. “A través de las clases o conversaciones, intento proponer mi punto de vista sobre el tango, entender y dar este pequeño elemento que puede ayudar a alguien a sentirse mejor bailando, tener más interés, o ver las cosas diferentes. A mí también me gusta entender el punto de vista del otro, añadir algo diferente y fresco. Compartir. Por la clase trabajamos en la técnica porque hay que mejorar eso y el conocimiento del cuerpo y todo. Pero cuando manejas bien la técnica, no significa que sos un buen bailarín. Es este detalle enorme el que hay que entender: como ser una persona que sepa más que la técnica. El paso, lo puedes aprender mirando videos. Pero esa sensación, esa sensibilidad puesta en algo y no otro pueden cambiar mucho tu manera de bailar. Me quedo muy abierta para recibir lo que se puede decir de mí. No se puede manejar todo, hay que alimentarse de las experiencias de fuera. Compartir es lo más importante en el tango. Escuchas a otra persona, intentas entender, sentir lo que está diciéndote, trasmitiéndote. A veces te gusta, y a veces no, y a veces haces descubrimientos increíbles. Es relindo cuando pasa, es verdadero, te hace sonreir, y te hace seguir!”
Prosigue: “Numerosos bailarines tienen facilidades físicas pero hay pocos que tienen esa sensibilidad o apertura a la conversación en la danza (hablo de los hombres porque tengo pocas oportunidades de bailar con mujeres). Muchas veces siento que un hombre está pensando en la secuencia de pasos. Técnicamente es perfecto pero la felicidad de conseguir una linda danza se pierde muy rápido. Al revés, la otra sensación de comunicación y de intercambios, pocos la entienden, o no se habla mucho. Siempre se escucha ‘hacer poco pero sentirse juntos’: es importante, cambia todo!”
Entonces, empezamos a hablar de su mejor esperanza por el tango: “Espero que el tango se pueda bailar en todos los lados del mundo algún día. Se dice que es contagioso pero sería genial que fuera realmente por todas partes –le cuento que empecé en la India y se maravilla. Tengo este deseo que por cada nuevo tanguero, muy temprano en su camino de bailarín, haya alguien o algo para hacerlo caer en la pasión del tango, como me pasó con mi primer ocho cortado. Después, miré 10 horas por día de videos de tango, escuché música… estaba enganchada! Puede ser un bailarín, un maestro, una música. No importa, pero quiero que cada uno tenga esa experiencia, esa inspiración; si no me parece triste, sin sabor. Es la actividad del viernes por la noche y para mí el tango no es eso. Bailar así, no. Me gusta ver la gente realmente interesada por lo que hace, tango o no. Alguna pasión, que sea verdadera!”
Tiene horas de clases esperándola, una exhibición por la noche, pero tomó tiempo para mí, estaba sincera y presente, escuchando, compartiendo. Fue un lindo momento, un encuentro verdadero!

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Photo By: Kinga Lakner
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